Redes sociales, medios y activismo

“RTs are not endorsement” dicen las biografías de varios de los periodistas más famosos de las grandes cadenas mediáticas, tienen razón, quizá no deberían serlo aunque este deslinde le da importancia a su condición de periodistas, saben que las audiencias que generan en sus redes confían en la información que difunden y deben aplicar estándares periodísticos y éticos para ello. Algunas de las nuevas guías sobre periodismo y medios sociales han decidido que esto no es suficiente y han restringido en mucho su uso, otros como Jeff Sonderman tratan de imaginar soluciones que se queden en el plano personal de autocontención. 

Los RT, pueden servir para contar las grandes historias en vivo, pero se requiere de atención completa y una gran curaduría de la información, esto pasa necesariamente por un conjunto de herramientas de conocimiento y sobre todo de una gran responsabilidad, el mejor ejemplo lo encontramos en el estratega de la National Public Radio (NPR) en EEUU, Andy Carvin que dice que “tuitea revoluciones”, esta nota de Mathew Ingram es muy buena, tuiter a modo de redacción pero con la falla de que al final somos humanos (y por tanto erramos de vez en vez).

Entonces hay medios que se toman muy en serio todo esto, también periodistas que públicamente han, sobre la marcha, formando criterios y “escuela” de cómo ser relevantes en una época en la que han dejado de ser intermediarios de la información, hoy el paradigma se centra en la abundancia de información y no en su escasez, la pregunta que probablemente sea relevante en todo esto es ¿qué responsabilidad tenemos los “prosumers” de información? Idealmente diría que ninguna, que si los periodistas hicieran su trabajo nunca habría problemas de desinformación en la era de la sobreinformación.

Los problemas de la información se resuelven con más información, lo cierto es que así como los periodistas, quienes se dedican a expresarse y tener posiciones públicas, sujetas a escrutinio formal e informal, y que por un motivo u otro se han vuelto relevantes o son considerados fuentes de información, tienen la opción de optar por hacer un trabajo público que ayudara a los fines que persiguen y no sólo responder al deseo por los reflectores. En suma: no bufes sin posar y no poses sin sustentar.

La organización social y el activismo tienen un papel fundamental en la vida democrática de los países que garantizan el ejercicio de la libre asociación y expresión. El académico italiano Mario Orefice de la Università di Urbino, hace una disección del movimiento “purple people” en Italia y cómo se logró articular por los medios sociales y encontrar la manera de ser relevantes frente a un gobierno (Berlusconi) que coptó a los medios durante una década. 

La década italiana de Berlusconi fue la nuestra de la violencia. La transición democrática trajo más libertad de expresión pero también más violencia, particularmente los últimos 6 años han sido desastrosos para el ejercicio libre de los derechos fundamentales. En respuesta a este contexto crecieron durante estos 12 años las organizaciones que defienden los derechos humanos, nacionales e internacionales, con poco o mucho financiamiento, han ayudado a señalar violaciones graves del gobierno, falta de acceso a la información en casos de alta trascendencia y sobre todo han generado consciencia, cada vez mayor, de la importancia a la defensa de los Derechos Humanos, tanto que fueron motor para la reforma constitucional en esta materia.

Con el uso de los medios sociales para impulsar causas ciudadanas e influir en las decisiones de ciertos actores que toman decisiones públicas, los medios de comunicación han ido aprendiendo sobre las rodillas cómo cubrir y administrar la abundancia de información para sus audiencias. Los medios han escogido ganadores, les han dado voz preferencial a unos sobre otros, a los que hablan más fuerte, más claro, más sentimental o “más ciudadano”, el hecho es que los medios -nuevos o tradicionales- siguen siendo gatekeepers. Ante esto vale la pena preguntarse ¿Esos ganadores deben tener más compromiso con sus dichos? o ¿Sus causas importan más que la información que transmiten? Mis respuestas: sí y no.

Para la cobertura mediática, estos ganadores cargan con la pena: “RT equals endorsement”. Prueba de ello es el reciente caso del periodista tamaulipeco Mario Segura, que fue reportado como desaparecido y al ser retuiteado por el activista Jesús Robles Maloof generó que medios como Proceso lo tomaran de fuente para la nota, esto lo debe saber Jesús, en tanto que es uno de esos ganadores. Sin embargo, casi en un acto de soberbia sostuvo que tenía información de que Segura había desaparecido, la verdad es que no fue así y afortunadamente en ARTICLE 19 pudimos ponerlo a salvo, pues el falso anuncio lo puso en verdadero peligro. ¿La culpa es de Proceso o de Maloof? Diría que de ambos, unos por no hacer su trabajo de periodistas (investigar) y el otro por pensarse como el dueño de la verdad en materia de victimas. 

El caso de Aleph Jiménez, vocero de #YoSoy132 en Ensenada, reportado como desaparecido y recientemente reaparecido. La información se propagó principalmente en los medios sociales a través de los integrantes del movimiento, organizaciones como Amnistía Internacional se subieron al tren sin hacer su trabajo o aplicar protocolos, algunos medios se hablaban irresponsablemente de “desaparición forzada”, que valga decirlo es considerado un crimen de lesa humanidad y que tiene características específicas y tratamiento especial. Los medios sin hacer su trabajo y reproduciendo información sin evaluarla o investigarla y organizaciones avivando un fuego que, con la información disponible, era atendible.

El viejo cuento de Pedro y el lobo. Probablemente con el regreso del PRI vienen tiempos difíciles para medios, derechos y activistas. La primera ola de relación entre medios, tuiter y activistas se ha agotado, los primeros deben ser más rigurosos y los últimos más profesionales. Entiendo que difundir información puede salvar vidas, Andrés Monroy-Hernández lo explica de manera muy clara en su investigación “Hiding in Plain Sight: A Tale of Trust and Mistrust inside a Community of Citizen Reporters”, sin embargo este criterio desprovisto de herramientas y protocolos de seguridad y actuando en la esfera pública, puede poner más en riesgo la vida de las personas (como sucedió con Segura). 

Intelectuales lost in translation

El día de hoy leí con atención el blog de Julene Iriarte, sobre los intelectuales y tuiter, tema que me ha tenido muy divertido las últimas semanas. Con el ánimo de continuar con este interesante debate, busqué entre mis notas casos similares. Me saltaron a la vista dos entrevistas de Noam Chomsky en donde acusa lo vacío y superficial de las conversaciones en estos medios sociales (aquí y aquí). Chomsky es un reconocido crítico justamente de lo vacío de los medios, basta leer “What Makes the Mainstream Media Mainstream” o “Manufacturing Consent” para saberlo y sin embargo, sorprende que, a pesar de hablar de la crisis de los medios jerárquicos, tenga la idea de que los medios más horizontales-nodales sean inherentemente “vacíos”.

Hay que decir que en otros lados también vuelan parvadas de la bondad, Nicholas Karr y Andrew Keen son claros ejemplos de poderosos argumentos en contra de lo superficial de la comunicación vía Internet, particularmente el libro de Keen titulado “Digital Vertigo: How Today’s Online Social Revolution Is Dividing, Diminishing, and Disorienting us” ofrece buena evidencia que podrían usar Krauze y Camín para esta pequeña batalla.  A estos autores los separo con justicia de Chomsky porque intuyo que, al no ser su área de expertise, se sumó a los críticos del llamado tecnoutopianismo

En donde no los separo es en lo siguiente: en sus críticas sitúan a tuiter o a los sms en una jerarquía de pensamiento. Así que de una manera u otra lo que están afirmando es que hay una forma de pensar, aprender y comunicarse mejor que otra. Pienso pues en el efecto que tiene descalificar o subyugar formas de conocimiento/deliberación como menos verdaderas, profundas e importantes que otras. Es ahí donde quizá nuestros intelectuales aquí y allá no están viendo la pintura completa, lost in translation.

Parvadas de la bondad

Últimamente, sin sorpresa, veo a nuestros “grandes intelectuales” reflexionar sobre  las “redes sociales”[1], particularmente sobre el lenguaje que encuentran (ellos) en tuiter, de odio (dicen ellos) y de poco respeto hacia ellos, supongo que sienten nostalgia, les debe poner nerviosos la ausencia de la reverencia. Ahí están Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze criticando sin mucha idea lo que ven (ellos) en este mundo virtual, señalando las ofensas de que son objeto y estirando la liga casi hasta poner como consecuencia de lo que se dice (según ellos) en tuiter el contexto social actual (violento y crispado). En todo caso yo prefiero verlo al revés: gracias a estos espacios de deliberación-muchas veces ruda o sin sentido- se puede mejorar la dinámica social.

El ejemplo lo pongo porque creo que es un síntoma de censura disfrazada de loas al respeto y las buenas costumbre (?). Les llamo “las parvadas de la bondad”, imaginemos el molesto ruido que hacen un montón de blancas y hermosas gaviotas, pues eso.

Estas parvadas de la bondad anteponen valores como la tolerancia, el respeto y las grandes ideas sobre la discusión (o sobre el fondo de los temas que se discuten). No me parece que esté mal, al contrario es lo que cualquier persona racional y razonable pediría como mínimo. El problema es que al ser intelectuales públicos y al entrar a un medio como tuiter, se exponen a que aquellos que nunca tuvieron oportunidad de penetrar sus torres de marfil hoy puedan cuestionarles todo (unos con razón y otros absolutamente equivocados): desde sus grandes ideas, sus fobias y filias políticas hasta sus orígenes familiares, relaciones amistosas o ética laboral. En una palabra: la realidad, misma de la que parecen estar desconectados (¿hace falta unos trolls para reflexionar sobre lo violento del país o la polarización social?)

Cuestionar a los incuestionables debe ser molesto y tedioso, chocante para ellos y quizá un divertimento para quienes lo hacen. De ninguna manera creo que se trate de discurso de odio o hate speech, eso es una construcción legal muy bien discutida y definida en límites de libertad de expresión, aquí un texto de Agnès Callamard al respecto. En todo caso se trata de insultos cualquiera (como el que con seguridad profieren o les son proferidos si se estacionan en doble fila) que simplemente ignoras (no das RT). 

Estas parvadas de la bondad son peligrosas por distintas razones y la principal es ese tufo de censura que despiden. Recientemente Brendan O’Neill escribió un artículo en The Telegraph al respecto, parece que no es un problema exclusivo de los intelectuales mexicanos sino una verdadera bandada de destiladores de buenitud, bonitud y bondidad. 

Cuidémonos pues de estos pájaros tan políticamente correctos y que centran sus argumentos en defender las formas a capa y espada, en una de esas estamos frente a una nueva santa inquisición (usando los términos de referencia de Krauze),  cuyo alcance es tal que sepultarán al mismo tiempo a los trolls y a los espacios de deliberación pública ruda (Internet). Me atrevo a decir con mucha humildad que quizá tuiter no es un medio para ellos, o tal vez lo sea y no lo han descubierto. 

 —————————————————————————————-

[1] Lo pongo entre comillas porque no me gusta ese término cuando se refiere a hablar de medios sociales a través de Internet. Como bien apuntan Fowler y Christakis en Connected, las redes sociales siempre han existido, las creamos y reconfiguramos cotidianamente. Las redes sociales son físicas y de vez en vez se traslapan con las que creamos virtualmente a través de los medios sociales.