Matando la verdad

Debo aclarar que no se trata de una crítica gratuita, mal intencionada o que refleje la posición de la institución para la que trabajo (ARTICLE19), por ello está en mi blog personal.

Hace unos meses me invitaron a participar en un proyecto interesante, un libro que incluiría hojas de vida de periodistas asesinados, promovido por los colegas de Nuestra Aparente Rendición. Como es de esperarse -y porque a esto me dedico- acepté entusiasmado, me pareció una buena oportunidad para compartir páginas con personas a las que admiro y leo. Era finales de abril, pronto llovieron peticiones a la oficina para recabar información sobre los casos de periodistas asesinados.

Escogí el periodista del que haría esta hoja: José Alberto Velázquez López, quien fue director de Expresiones de Tulum. Asesinado a quemarropa el 22 diciembre de 2009, murió en el hospital tras huir de sus agresores. La historia de Alberto es una más de impunidad, el expediente acabó perdido en el ministerio público, se dice que autoridades locales estuvieron involucrados en el asesinato. 

Recibí la lista de los periodistas asesinados, 126. Me pareció raro ya que las cifras que tenemos en la oficina son distintas 72 periodistas asesinados y 14 desaparecidos desde el año 2000. Entonces supe que se manejaba una lista más amplia donde se difumina la labor periodística como móvil de los asesinatos. Realmente era osado, a sabiendas de que la relación de algunos de los asesinados con la legalidad es distinta, un libro saldría de ello, un libro que pretende poner el foco en los periodistas asesinados y que su memoria trascienda más allá de la frialdad de los números. No se mata la verdad matando periodistas, pero tampoco abona una verdad que no corresponde a la realidad.

Intuí que habría un conflicto de interés: no podía participar en un proyecto que contradice el trabajo que defiendo en el terreno profesional. Decline a hacerlo, sigo pensando que es una mala idea hacer un libro cuyo argumento central sea la vida de los periodistas asesinados y que evite poner rigor en el móvil de los asesinatos. Desde luego no espero que coincidan conmigo.

La idea, por otro lado, es inmejorable: que los periodistas adopten periodistas. Hoy el asesinato de reporteros, fotoreporteros o directores de medios, es una noticia menor, breve. No ocupa primeras planas, no es el escándalo que ES. Sin prensa libre (y por libertad me refiero a la de la posibilidad de ejercer la profesión), no hay democracia, sin información (y personas con acceso) no hay democracia. La solidaridad entre periodistas e instituciones que se dedican a la defensa de la libertad de expresión es urgente, para el tema creo que se deben borrar las diferencias editoriales y hacer una exigencia clara, única y poderosa al Estado que hoy es cómplice, por acción u omisión, de la violencia contra la prensa. 

En resumen, se trata de una buena idea que podría fallar pese a su vigor, vigencia y urgencia. Si bien decliné mi participación, espero que se logre con éxito y se publique. Que los perfiles de las personas cuya relación con la ley es dudosa, no cause algún lío o quite mérito al proyecto. Que los periodistas que participaron hayan sentido empatía por sus colegas asesinados y entiendan la necesidad de la solidaridad sin poses. 

Si quieren ayudar a financiar el proyecto, pueden hacerlo aquí -> http://www.goteo.org/project/no-se-mata-la-verdad-matando-periodistas. En la página se encuentra el documental que lanzamos en la organización: Silencio Forzado, una pequeña muestra de la realidad de los periodistas fuera de la burbuja chilanga (hay muchísimas horas más filmadas que pronto verán), el documental es de libre circulación y uso (por si pensaban que a19 patrocina este proyecto), siéntanse en libertad de difundirlo.

La libertad de la prensa imaginaria

En dos días Héctor Aguilar Camín ha tratado de hacer un diagnóstico de la prensa en México y su libertad, de su grandeza pero también -dice- de su miseria. Camín acierta al decir que tras la transición democrática, los medios han jugado un papel clave, ha sido la prensa un contrapeso para llamar a cuentas al Estado, ha ejercido pues su papel de contrapeso y no me queda claro a qué se refiere Aguilar cuando habla de los contrapesos de la prensa.

¿Quién vigila al vigilante? Esa parece ser la pregunta, mi respuesta inmediata es que somos los consumidores de información quienes debemos hacerlo. El problema que parece no identificar es el de la no dependencia económica de los medios respecto a sus audiencias. El modelo de negocios de muchos medios, sobre todo a nivel local se mantuvo mantenido por el Estado a través de la publicidad oficial, esto ha significado cierto control o intentos, sobre la línea editoral, basta ver el último caso conocido en El Diario de de Ciudad Juárez y la Secretaría de Seguridad Pública Federal. En una revisión de la realidad de los medios no encuentro ese ejercicio “desmedido” de sus libertades.

En cambio veo que tras el paso de 12 años desde que el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas emitió la primera recomendación para que se derogaran los delitos contra la libertad de expresión, 14 entidades federativas han hecho caso omiso y la idea de restablecerlos parece rondar en la mente de muchos.

Quizá Aguilar Camín intenta poner sus filias y fobias en un plano que parezcan de interés público. Los medios en lo general han logrado acuerdos nucleares sobre ciertos temas, ahí está el Acuerdo sobre la cobertura de violencia en México y el Observatorio de Medios, son pocos los medios y periodistas que respetan los acuerdos e instituciones que ellos mismos se dieron (Milenio exhibiendo presuntos culpables es un ejemplo).

En la segunda parte de su texto pide que los medios deberían erigirse en árbitros y no sólo en narradores de la realidad del país. En un contexto de violencia lo veo poco probable y supongo que Héctor también, 72 periodistas asesinados, 14 desaparecidos, 41 atentados con explosivos contra instalaciones de medios, 27 desplazamientos forzosos de periodistas, decisiones editoriales de autocensura a lo largo y ancho del país, además de un Estado cómplice con la impunidad de estos crímenes hacen poco creíble que sea-interpretando a Camín- el Estado el que genere estos acuerdos con los medios o funja “de contrapeso” (qué cosa más extraña). (Fuente de los datos: ARTICLE19

Unos medios imaginarios son los que invaden la pluma de Camín, si bien hay crítica, pluralidad y ejemplos de cambio. También hay dueños de medios haciendo pactos en con ciertos políticos, hay empresas mediáticas que dejan sin protección a sus trabajadores, hay periodistas que siguen recibiendo “chayote”, hay líneas editoriales orquestadas contra actores por defender intereses que no resultan claros al lector, etc. En este contexto, imaginar a la prensa como los protagonistas de la convergencia, el acuerdo y la certidumbre, resultaría sospechoso y problemático. 

Hay, en los hechos, pocos espacios para ventilar los conflictos, desacuerdos y divergencias sin que pasen por el tamiz de “a quién hay que pegarle/quedar bien”; si estos pocos espacios se cierran beneficiando falsos acuerdos y concordias, imagino un futuro más parecido a la Rusia Stalinista que a un México democrático donde hay poco periodismo de investigación pero con destellos de futuro, donde hace falta ventilar los conflictos e incertidumbre de manera clara, y donde hace falta, sobre todo, una prensa unida no para jugar de “otro modo” (la prensa del consenso”) para defender “su propia libertad, consolidarla” sino conflictuando constantemente a ese Estado cómplice de la violencia contra la prensa. 

Parvadas de la bondad

Últimamente, sin sorpresa, veo a nuestros “grandes intelectuales” reflexionar sobre  las “redes sociales”[1], particularmente sobre el lenguaje que encuentran (ellos) en tuiter, de odio (dicen ellos) y de poco respeto hacia ellos, supongo que sienten nostalgia, les debe poner nerviosos la ausencia de la reverencia. Ahí están Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze criticando sin mucha idea lo que ven (ellos) en este mundo virtual, señalando las ofensas de que son objeto y estirando la liga casi hasta poner como consecuencia de lo que se dice (según ellos) en tuiter el contexto social actual (violento y crispado). En todo caso yo prefiero verlo al revés: gracias a estos espacios de deliberación-muchas veces ruda o sin sentido- se puede mejorar la dinámica social.

El ejemplo lo pongo porque creo que es un síntoma de censura disfrazada de loas al respeto y las buenas costumbre (?). Les llamo “las parvadas de la bondad”, imaginemos el molesto ruido que hacen un montón de blancas y hermosas gaviotas, pues eso.

Estas parvadas de la bondad anteponen valores como la tolerancia, el respeto y las grandes ideas sobre la discusión (o sobre el fondo de los temas que se discuten). No me parece que esté mal, al contrario es lo que cualquier persona racional y razonable pediría como mínimo. El problema es que al ser intelectuales públicos y al entrar a un medio como tuiter, se exponen a que aquellos que nunca tuvieron oportunidad de penetrar sus torres de marfil hoy puedan cuestionarles todo (unos con razón y otros absolutamente equivocados): desde sus grandes ideas, sus fobias y filias políticas hasta sus orígenes familiares, relaciones amistosas o ética laboral. En una palabra: la realidad, misma de la que parecen estar desconectados (¿hace falta unos trolls para reflexionar sobre lo violento del país o la polarización social?)

Cuestionar a los incuestionables debe ser molesto y tedioso, chocante para ellos y quizá un divertimento para quienes lo hacen. De ninguna manera creo que se trate de discurso de odio o hate speech, eso es una construcción legal muy bien discutida y definida en límites de libertad de expresión, aquí un texto de Agnès Callamard al respecto. En todo caso se trata de insultos cualquiera (como el que con seguridad profieren o les son proferidos si se estacionan en doble fila) que simplemente ignoras (no das RT). 

Estas parvadas de la bondad son peligrosas por distintas razones y la principal es ese tufo de censura que despiden. Recientemente Brendan O’Neill escribió un artículo en The Telegraph al respecto, parece que no es un problema exclusivo de los intelectuales mexicanos sino una verdadera bandada de destiladores de buenitud, bonitud y bondidad. 

Cuidémonos pues de estos pájaros tan políticamente correctos y que centran sus argumentos en defender las formas a capa y espada, en una de esas estamos frente a una nueva santa inquisición (usando los términos de referencia de Krauze),  cuyo alcance es tal que sepultarán al mismo tiempo a los trolls y a los espacios de deliberación pública ruda (Internet). Me atrevo a decir con mucha humildad que quizá tuiter no es un medio para ellos, o tal vez lo sea y no lo han descubierto. 

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[1] Lo pongo entre comillas porque no me gusta ese término cuando se refiere a hablar de medios sociales a través de Internet. Como bien apuntan Fowler y Christakis en Connected, las redes sociales siempre han existido, las creamos y reconfiguramos cotidianamente. Las redes sociales son físicas y de vez en vez se traslapan con las que creamos virtualmente a través de los medios sociales. 

¡A rayar se ha dicho!

Hace unos días tuve una interesante discusión con Carlos Brito, una de las personas más visibles del movimiento Yosoy132, en ella le cuestionaba a Carlos que hubiese cubierto los grafitis resultado de una marcha post electoral que aparentemente no convocó la parte central del movimiento, pero que, como un posesivo viral, todos actúan porque SON 132 (y qué bueno).

Carlos me explicaba que le parecía casi una obligación del movimiento hacerlo, que siempre habían sido respetuosos e institucionales, que la imagen del movimiento no podía ponerse en riesgo de esa manera. 

No daba crédito, son ellos-a su pesar- un movimiento incómodo para el statu quo (los que aman las calles limpias) y parece que el chip de lo “políticamente correcto” les está ganando, mientras se tardan en el lanzamiento de una incómoda agenda. Después de varios años protestando, en consecuencia hoy defiendo una y otra vez la protesta. Los métodos de expresión, todos deben defenderse, no solo aquellos que nos parezcan agradables.

El grafiti es una forma válida de expresión, lo ha sido a lo largo de la historia; vestigios romanos dan cuenta de ello: desde cartas de amor hasta consignas políticas. Qué sería de quien está preso si no pudiese expresarse y rayas la pared, qué de aquellos que no tienen posibilidad (por un sistema desigual y asimétrico) de dejar constancia de lo que sucede. Qué hubiera sido del hombre primitivo si no hubiese “grafiteado” sus cuevas.

Advierto, como le dije a Carlos, una inconsistencia al defender la libertad de expresión y ser censores de quienes usan métodos distintos al diálogo para hacerlo.  Las pintas tenían buenos mensajes, ¿a quién le ofendería un “soñé que era libre”? Al parecer al sanedrín 132. No se puede privilegiar un método de libertad de expresión por sobre otro, es o no es. 

La apropiación del espacio público (en pintas también) es un buen termómetro de lo que imaginamos como vida democrática. 

Internet ha distribuido la información y diluido a los guardianes de la agenda pública, a los cadeneros de nuestras conversaciones. Los blogs compiten con los periódicos más importantes y un tuit es fuente de noticia. Apropiación del espacio de información. Sin calle no hay protesta, resistencia o democracia, Jesús Carlos Soto (@negrosoto) lo dice así de claro: “Rayar paredes es vital para democratizar los medios, es el blog urbano”. 

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Me habló Carlos Brito por teléfono, molesto me hizo ver que esta es una interpretación mía de nuestra conversación el miércoles pasado y no citas textuales. Considero que tiene razón y asumo esa interpretación para ilustrar mi punto, que no era exhibir una conversación privada sino defender uno de tantos métodos de libre expresión. En honor a la verdad al ir a borrar los grafitis no fueron como parte del movimiento (dice Carlos) y defendieron cualquier método de expresión, afirma. Este espacio y criticapura.com están a disposición de Brito y de cualquiera que le parezca pertinente continuar con esta sana discusión sobre el discurso público y los métodos de libertad de expresión, sus interpretaciones morales y políticamente correctas y su uso para nivelar el asimétrico y desigual sistema de comunicación entre ciudadanos y gobierno. 


Los estados gobernados por el PRI como Veracruz y Tamaulipas (sin alternancia) y Chihuahua gobernado desde 1998 por el mismo partido, son los estados con más periodistas asesinados (el mapa muestra los periodistas asesinados por estado desde el año 2000). Así también en Veracruz, por ejemplo, se han presentado 66 agresiones contra periodistas por parte de funcionarios públicos. 
Lo dicho: votar por el PRI es votar en contra de nuestros derechos. 

Los estados gobernados por el PRI como Veracruz y Tamaulipas (sin alternancia) y Chihuahua gobernado desde 1998 por el mismo partido, son los estados con más periodistas asesinados (el mapa muestra los periodistas asesinados por estado desde el año 2000). Así también en Veracruz, por ejemplo, se han presentado 66 agresiones contra periodistas por parte de funcionarios públicos. 

Lo dicho: votar por el PRI es votar en contra de nuestros derechos. 

Yo soy

Después de la marcha del sábado pasado, confieso que tenía pocas expectativas de la #marchayosoy132, el día, la hora, qué se yo. Llegué a la Estela de Luz a la hora indicada, a las 6 de la tarde había gran cantidad de personas, muchos estudiantes, casi todos jóvenes y todos contentos; desde ahí me di cuenta que me había equivocado, aquello era impresionante.

De la Estela de Luz empezamos a caminar hacia el Ángel, mientras lo hacíamos encontré un primer mensaje sostenido por un señor de unos 50 años “yo apoyo a los jóvenes que están haciendo la tarea que los adultos no hicimos por cobardía y valemadrismo, ahora nos toca apoyar con todo”, ese mensaje probablemente aislado, refleja el poder que puede tener este tipo de movilización, esa imagen da cuenta de una brecha zanjada en el reconocimiento de ese señor en los marchantes, de una generación que quizá hoy piensa que no hizo lo suficiente.

Continuamos avanzando, casi todos con smartphone o cámara en mano. No solo íbamos marchando sino le estábamos comunicando al mundo lo que hacíamos y eso lo cambia todo. Javier me preguntaba “¿Qué dicen las redes sociales?”, él no tiene smartphone y con trabajos usa facebook, y aunque quizá su pregunta no era de un interés auténtico me da una señal de lo que piensa más gente: ahora importamos por lo que hacemos pero también porque lo logramos comunicar. Con las herramientas adecuadas todos nos hemos convertido en redacciones, televisoras, radiodifusoras y salas de debate; es decir, en nodos por donde fluye y se procesa información sin intermediarios, nuestra percepción propia cambia porque ante nuestros ojos somos influidos por el otro mientras influimos a los demás.

Llegamos al Ángel, al mirar el camino andado constaté que no éramos pocos, que éramos miles de 132’s, ¿la clave? El saber que somos, es decir el “yo soy” del 132. Saber que pertenecemos a algo más grande que al mismo tiempo no le pertenece a nadie, aspirar a carecer de centro.

A mi lado, Juan-que nunca había ido a una marcha- estaba impresionado y sonreía, ahí verifiqué que el reclamo ha conectado más allá de twitter, rompió la barrera digital y contagió la acción colectiva.

La marcha continuó, a televisa una parte y al zócalo otra, caminé un poco más y volví a casa en mi bicicleta, mientras pedaleaba trataba de procesar lo que había visto y escuchado, no he logrado hacerlo. Ya en casa re leí el pliego petitorio al que previamente se le había dado lectura en la Estela, rescato lo siguiente:

Nuestros deseos y exigencias se centran en la defensa de la libertad de expresión y del derecho de información de los mexicanos. Nuestra preocupación se deriva del estado actual de la prensa nacional y los medios de comunicación, así como de su papel político en el contexto democrático. 

y

En esencia, nuestro movimiento busca la democratización de los medios de comunicación, con el fin de garantizar información transparente, plural e imparcial para fomentar una consciencia y pensamiento críticos. Es por eso que, exigimos competencia real en el mercado de medios de comunicación, en particular a lo referente al duopolio televisivo.

Por azar en mi facebook encontré que alguien compartió el scan de la portada de El Sol de México (en ese momento del grupo García Valseca) del 3 de octubre de 1968, el encabezado dice así: “Manos extrañas se empeñan en desprestigiar a México/ El objetivo: frustrar los XIX juegos”, en ese momento todo hizo sentido.  Hace unos días El Sol (ahora propiedad de los Vázquez Raña) al día siguiente de la protesta en la ibero que dio origen a todo esto decía: “Éxito de Peña en la Ibero, pese a intento orquestado de boicot”. Cuarenta y cuatro años después no tenemos  medios que sean transparentes en sus decisiones editoriales, que sean auditables, y que garanticen información 100% veraz, a diferencia del 68 hoy nos podemos contar lo que pasó y contrastarlo con lo que se informa. El pliego petitorio tiene tanto sentido hoy como si se hubiera presentado en aquella época, tiene más sentido hoy si queremos tener una democracia más funcional que descanse justamente en el flujo de información. Entendí, frente a la pantalla, la cartulina del señor y pienso que podríamos intentar zanjar esa brecha.

Periodistas desaparecidos de 2003 a la fecha, una tragedia más. Silencio forzado

Periodistas desaparecidos de 2003 a la fecha, una tragedia más. Silencio forzado

Palabras que di en la presentación de #tweetbalas 

Que salga platanito del aire, y a la vez no

Toda la mañana le he dado vueltas al asunto del payaso “platanito” y el hashtag #FueradelAirePlatanitoShow. Vi el pésimo chiste del payaso, incluso me ofendió por conocer el caso de la guardería ABC, mal gusto, inoportuno, sin chiste pues, todo mal.

El reclamo hecho a través de la red social twitter me parece conmovedor pero mal dirigido. Conmovedor porque quiere decir que el trabajo constante de quienes se han encargado de que el tema no desaparezca ha rendido frutos, cada vez más gente está consciente de la tragedia y la sed de justicia la ha adoptado como propia; justamente es eso lo que se espera como reacción después de un evento tan atroz.

Sin embargo lo veo mal dirigido, se pide sacar al show del infame payaso del aire, incluso hay quien piensa pedírselo a la Secretaría de Gobernación. Eso se llama censura. El castigo social debería ser el camino: promover no comprar boletos para los shows del payaso (siempre llenos), pedir que no se prenda la tv durante su transmisión, hasta que el programa tenga una muerte natural (o no). Incluso investigar quienes se anuncian (si es que hay) en ese canal o programa para que retiren el dinero de ahí (ha sucedido sin éxito[osea no cancelaron programación] como en el caso de Alpura-Canal 22 en 2008 por la programación con temática gay).

Usar desde lo políticamente correcto a las instituciones para que quiten programas del aire resulta contraproducente para el ejercicio de la libertad de expresión en nuestro país (que no la tenemos garantizada y se ve amenazada todos los días). Si defendemos las libertades, debemos defenderlas siempre, aunque nos ofendan, como es el caso. En suma, si me ponen a escoger prefiero vivir en un país con chistes terribles en tv, campañas políticas duras y de contraste, ciudadanos expresándose políticamente en lo medios durante campañas… A un país donde se pongan candados a la libertad de expresión, donde los ciudadanos no podemos expresarnos políticamente en tiempos electorales y donde los partidos no pueden contrastar sus opciones con los contrincantes.

En fin, mal por el payaso. Ojalá ofrezca una disculpa (y de paso otra Michael Jackson) pública a los padres de la guardería. Y los que quieran, que promuevan el castigo social-comercial al programa/canal donde se transmite el mentado programa. Fin.

Editoriales

El domingo el New York Times y Los Angeles Times publicaron editoriales con la posición oficial de ambos diarios sobre las iniciativas de ley SOPA y PIPA en Estados Unidos. Ambas iniciativas pretenden elevar la protección de los derechos de copyright a niveles exagerados y ridículos.

Como dato curioso da gusto ver la editorial en el L.A Times al ser el periódico de casa de la MPAA (Motion Picture Association of America), uno de los promotores de ambas iniciativas. Da más gusto saber que dos de los periódicos más importantes de aquel país tomen postura en contra de SOPA y PIPA.

Los medios de comunicación, creo, a pesar de no depender financieramente de sus audiencias y sí de sus patrocinadores, deben -por encima de ello- posicionarse en temas que afectan su labor, que cancelen el libre flujo de información, que promuevan la censura colateral y los efectos de enfriamento a la libre expresión; a favor o en contra pero posicionarse, “salir del closet”, dejar de un lado la cómoda posición de “la objetividad” y optar por la transparencia de intereses (David Weinberger así lo dice).

En fin, vale la pena leer los textos y continuar al pendiente del futuro de ambas iniciativas.