En dos días Héctor Aguilar Camín ha tratado de hacer un diagnóstico de la prensa en México y su libertad, de su grandeza pero también -dice- de su miseria. Camín acierta al decir que tras la transición democrática, los medios han jugado un papel clave, ha sido la prensa un contrapeso para llamar a cuentas al Estado, ha ejercido pues su papel de contrapeso y no me queda claro a qué se refiere Aguilar cuando habla de los contrapesos de la prensa.
¿Quién vigila al vigilante? Esa parece ser la pregunta, mi respuesta inmediata es que somos los consumidores de información quienes debemos hacerlo. El problema que parece no identificar es el de la no dependencia económica de los medios respecto a sus audiencias. El modelo de negocios de muchos medios, sobre todo a nivel local se mantuvo mantenido por el Estado a través de la publicidad oficial, esto ha significado cierto control o intentos, sobre la línea editoral, basta ver el último caso conocido en El Diario de de Ciudad Juárez y la Secretaría de Seguridad Pública Federal. En una revisión de la realidad de los medios no encuentro ese ejercicio “desmedido” de sus libertades.
En cambio veo que tras el paso de 12 años desde que el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas emitió la primera recomendación para que se derogaran los delitos contra la libertad de expresión, 14 entidades federativas han hecho caso omiso y la idea de restablecerlos parece rondar en la mente de muchos.
Quizá Aguilar Camín intenta poner sus filias y fobias en un plano que parezcan de interés público. Los medios en lo general han logrado acuerdos nucleares sobre ciertos temas, ahí está el Acuerdo sobre la cobertura de violencia en México y el Observatorio de Medios, son pocos los medios y periodistas que respetan los acuerdos e instituciones que ellos mismos se dieron (Milenio exhibiendo presuntos culpables es un ejemplo).
En la segunda parte de su texto pide que los medios deberían erigirse en árbitros y no sólo en narradores de la realidad del país. En un contexto de violencia lo veo poco probable y supongo que Héctor también, 72 periodistas asesinados, 14 desaparecidos, 41 atentados con explosivos contra instalaciones de medios, 27 desplazamientos forzosos de periodistas, decisiones editoriales de autocensura a lo largo y ancho del país, además de un Estado cómplice con la impunidad de estos crímenes hacen poco creíble que sea-interpretando a Camín- el Estado el que genere estos acuerdos con los medios o funja “de contrapeso” (qué cosa más extraña). (Fuente de los datos: ARTICLE19)
Unos medios imaginarios son los que invaden la pluma de Camín, si bien hay crítica, pluralidad y ejemplos de cambio. También hay dueños de medios haciendo pactos en con ciertos políticos, hay empresas mediáticas que dejan sin protección a sus trabajadores, hay periodistas que siguen recibiendo “chayote”, hay líneas editoriales orquestadas contra actores por defender intereses que no resultan claros al lector, etc. En este contexto, imaginar a la prensa como los protagonistas de la convergencia, el acuerdo y la certidumbre, resultaría sospechoso y problemático.
Hay, en los hechos, pocos espacios para ventilar los conflictos, desacuerdos y divergencias sin que pasen por el tamiz de “a quién hay que pegarle/quedar bien”; si estos pocos espacios se cierran beneficiando falsos acuerdos y concordias, imagino un futuro más parecido a la Rusia Stalinista que a un México democrático donde hay poco periodismo de investigación pero con destellos de futuro, donde hace falta ventilar los conflictos e incertidumbre de manera clara, y donde hace falta, sobre todo, una prensa unida no para jugar de “otro modo” (la prensa del consenso”) para defender “su propia libertad, consolidarla” sino conflictuando constantemente a ese Estado cómplice de la violencia contra la prensa.