Cerco a Televisa
Esta mañana me di una vuelta por el cerco a Televisa, me gusta. Me gusta la idea del cerco, de tomar el espacio público y expresarse de manera pacífica pero evidente e incómoda. Se equivocan quienes piensan que una protesta de esta naturaleza cancela el derecho de unos (circulación) en beneficio de el de otros (expresión), ambos derechos está salvaguardados. Vi gente entrando y saliendo del horrible edificio en Av. Chapultepec y yo transité en mi bicicleta. Quizá quienes lo opinan asumen que las calles son exclusivas para que circulen los coches, error mayúsculo.
No tenía mucho tiempo, platiqué con un par de estudiantes, una del Poli y su amigo de la UAM. Estaban muy emocionados, se les notaba verdadero entusiasmo por involucrarse en los asuntos públicos, en la política “nunca habíamos participado políticamente, hoy creemos que es importante” me dijo Graciela. Contrasto esta actitud quienes desde la inmovilidad, o por lo menos el no-cuestionamiento al status quo proveniente de la comodidad, les dicen desde tuiter (mientras critícan “la revolución de iphone”) que “se pongan a trabajar”, yo digo que lo que están haciendo es un gran trabajo.
Advierto sin embargo en algunos comentarios y consignas una idea que me preocupa: “regular Televisa”, cosa que me parece más terrorífico que las novelas de la televisora. No hay forma de que me quepa en la cabeza una forma de regulación (aquí se refieren, o eso parece, a los contenidos) a Televisa en términos de contenidos, eso en todo caso es ignorar el problema de concentración de audiencia y acuerdos tras bambalinas con los políticos. Peor aún, en nombre del “bien de todos” esta parvada bondadosa estaría, en los hechos, pidiendo censura: que un ente aprobara o rechazara contenidos de una empresa. Vaya bondad.
Sé que muchos de los involucrados no piensan así, pero no quiero dejar de señalar esto.
Espero que sea una cosa aislada, que nadie lo esté pensando. El tema está en la pluralidad y diversidad en medios (tv) y voces (imaginen “regular Televisa” mientras sigue con 70% de la audiencia) que se puede lograr no con el mercado existente sino con medios públicos fuertes (pienso en radio y TV), en la transparencia y fiscalización de los acuerdos entre políticos y medios, publicidad oficial, etc. Porque hoy, aunque le quiera decir a cualquiera de los que acusan, con razón, la manipulación mediática “cámbiale de canal”, sé que al menos para la mayoría no hay opciones.