En estos días he tenido una buena conversación e intercambio de argumentos con Isabel Gil, todo comenzó con su texto en el blog de la redacción de la revista Nexos y mi respuesta en el mismo espacio. En su blog personal, Isabel comentó mi post. Auténticamente ha sido una buena discusión y aunque hablamos de lo mismo, hablamos de cosas distintas.
Juan Villoro publicó hoy en Reforma un texto de corte electoral que de alguna manera alaba el papel de las redes sociales en esta elección y al mismo tiempo ve con desconfianza que la “conectividad” en México apenas llegue al 30%. Yo me pregunto por qué les preocupa tal cosa, a mí me parece casi irrelevante (a pesar de que en otras batallas que tienen que ver únicamente con infraestructura y políticas públicas me parece un fracaso el nivel de penetración de banda ancha en nuestro país).
El punto central de Isabel es muy valioso. En efecto, sería muy tonto pensar que lo que pasa en mi pared en Facebook y en la línea temporal de mi tuiter es lo que piensa toda la gente: no lo es, como no todo el mundo es católico o como no todos los de mi edad han viajado a Europa porque todos mis amigos lo han hecho. Sospecho que los únicos que plantean tal cosa son los que argumentan a favor o en contra sin más evidencia que la propia.
En México esta elección es la primera con servicios de redes sociales por internet y aunque nadie (o más enfático NADIE) es experto en el tema, cierta evidencia nos indica que probablemente no estemos usando las herramientas adecuadas para medir la influencia de las redes sociales.
En un comentario en mi texto, Daniel Soto dice que “las redes sociales no son punto de referencia para inferir resultados futuros” ¿será? Sitaram Asur y Bernardo Huberman en el 2010 hicieron un modelo que explican en el ensayo “Predicting the future with social media”, su caso tiene que ver con las películas, analizaron millones de tuits y resulta que era fácil predecir cómo les iría en cuanto a recaudación en taquilla a las películas por la conversación en tuiter, incluso de manera más acertada que el estándar de medición llamado Hollywood Stock Exchange. ¿Qué elementos interesan ahí? conversación, contagio y acción colectiva (la acción de ir al cine y comprar un boleto), si lo piensan bien elegir una película no difiere mucho de elegir un candidato (y menos los nuestros).
Otra crítica de disco rayado es el tema “no son muchos”, yo digo que sí importa quienes, es decir en las redes sociales físicas hay quien sí está conectado a internet (digamos 3 de cada 10) y además usa algún servicio como twitter o facebook. La información que obtiene ahí la puede transmitir y contagiar a los otros 7 que no tienen acceso a internet, entonces importa quién está conectado. En la revisión de los datos sobre acceso, penetración y deciles económicos encuentro que (como suponíamos) para el decil más alto la penetración (hogares con internet) rebasa el 60% mientras que el 20% con menores ingresos (decil I y II) apenas supera el 2%. Por eso importa quiénes y no cuántos, las redes sociales siempre han existido y hoy se puede identificar a los nodos que tienen influencia en las redes de tipo complejo (sociedad); Kitstak, Gallos, Havlin y Liljeros proponen un modelos de identificación en su famoso ensayo “Identifying influential spreaders in complex networks”. Lo anterior podría indicarnos que si las redes de quienes están conectados están distribuidas de manera tal que puedan modificar procesos de opinión pública, entonces importa más el tipo de nodo en la red que la cantidad.
La última crítica recurrente es la de la llamada “primavera árabe” y su fracaso electoral en Egipto y pienso que probablemente estemos leyendo mucho a Francis Fukuyama y en la contraidealización de la red, la idealicemos. Para señalar “el fracaso de facebook” hay que ponerlo antes en un pedestal en el que probablemente no estaba. Lo importante allí no fue el resultado de la elección sino el proceso (que evidentemente nadie midió o no importa ante la contundencia de Fukuyama). Tal vez algo que sirva para explicar lo que sucedió en medio oriente sea la teoría de los pequeños mundos, presentado por Watts y Strogatz[1] en 1998, fue la primera en ofrecernos una amplia explicación de la conexión entre las redes sociales que son diferentes pero que fomentan la circulación de información y el intercambio de recursos entre ellas. Estas redes de pequeños mundos tienen dos características que, debidamente balanceadas, permiten esta circulación: en primer lugar, pequeños grupos están densamente conectados. Es decir, los lazos entre los miembros son más fuertes y el patrón de comunicación dentro del grupo es que cada uno está conectado con todo el mundo.
Lo que sucedió en Túnez o Egipto no es internet, es un proceso que se aceleró por la tecnología, importa el proceso y no el resultado. Las “redes sociales” fueron elementos importantes pero solo actuaron como catalizadores de años de conflictos en Túnez[2] y en Egipto; es decir, se conectaron redes que de manera aislada tenían mucho tiempo en resistencia.
Probablemente algo similar ocurre hoy: queremos encasillar las redes sociales en servicios web y medirlas con herramientas tradicionales en lugar de imaginar que el resultado ES el proceso.
[2] Tunisian Labor Leaders call for support of Libyan Revolution, http://sacramentopa.blogspot.com/2011/03/tunisian-labor-leaders-call-for-support.html.
por