Para la egoteca, yo hablando de las ofensas, el discurso de odio y demás poses de libertad de expresión. 

Encapuchafobia

De la izquierda a la derecha, de los ignorantes a los más doctos, parece haber una fobia a las capuchas, a que la gente se manifieste y proteste encapuchada pero también hay quienes quisiéramos conocer la identidad de las fuerzas armadas que las portan.

Fernando Escalante sugiere que nos estamos acostumbrando a las capuchas pero se escandaliza de quienes las portan para protestar o ejercer el imperio de la fuerza del Estado. Yo prefiero escandalizarme por los segundos que por los primeros. El problema es de vista, donde unos equiparan el anonimato al terror, yo veo el anonimato como una salvaguarda a la opresión. 

No perdamos el punto, las capuchas nada tienen que ver con cometer delitos. La libertad de expresión tiene limites clarísimos en la ley, y quienes defendemos el anonimato no defendemos la comisión de delitos, si alguien es sorprendido en flagrancia que se le detenga y se haga cumplir la ley y el proceso. No hay pues, una conexión clara entre la capucha y ser delincuentes, si la autoridad no cumple con hacer cumplir la ley y procesar a quienes la quebranten, es problema de la autoridad, no de las capuchas.

Por el contrario, tratar de poner una carga negativa a un tipo de vestimenta particular, sí tiene efectos nocivos para el goce y ejercicio de los derechos de todos. El poder protestar como queramos es un derecho, el anonimato está protegido por la libertad de expresión, sí, es una forma de evitar los abusos de la autoridad, en gobiernos no democráticos y donde la ley no existe, es la única manera de expresarse sin represalias, ¿por qué pensar que ese es el problema? ¿Por qué trasladar la falta de Estado (para garantizar la expresión y para hacer cumplir la ley) al reduccionismo de la capucha?  La foto de hoy en los periódicos es reveladora ¿Por qué los granaderos no detuvieron a los delincuentes? ¿Por la capucha o quizá porque no pueden aplicar la ley sin abusar de ella?

Pensemos bien por qué nos escandalizamos y las consecuencias que tiene, hoy prefiero exigir que se cumpla la ley y defender el anonimato y la capucha como legítimas cuando se invoque la libertad de expresión y no se traspasen sus límites. 

¿Cuántos años fueron? ¿Seis, siete, ocho? ¿Por qué creímos tanto? ¿Por qué creímos?
Porque alguna vez sentimos que no había otra salida y que nada podría terminar como está. Y porque supimos que poco a poco soplaría un viento fuerte, un viento sin fin, que lo habría de cambiar todo, todo.
Ésta es una tierra extraña y hay un mar infinito separándonos. ¿Aquello era necesario? ¿Es necesario que sea así?
Camino el día entero, y puedo estar alegre o triste como si todo fuera como antes. Pero hay una hora en la que es de noche y regreso a casa. Siempre hay algo, una esperanza cualquiera, un recuerdo suelto.
Siempre está ese momento en el que uno se quita un zapato, y luego el otro.
Permanecen los dos, uno al lado del otro, al pie de la cama.
Zapatos tristes y vacíos. ¿Buscando qué?

Eric Nepomuceno, Bangladesh, tal vez

De Rubén Bonifaz, para ti.

ACASO UNA PALABRA

1

Acaso una palabra
tan sólo, sé decir: al despedirme,
lo más mío de mí se precipita
afuera, y busca y toma lo que amo.

Decir adiós, hablar para perderte,
y saber que un instante,
el anudado instante en que lo digo,
puedo tenerte asida y te detengo.

Abro luego las manos, quedas libre.
Y el corazón te grita que te quedes
y no lo entiendes. Nunca
lo pudiste entender. Estamos solos.

Hay en todas las tardes una espina
extraña. Un soplo de ceniza ardiendo
tiembla en los corazones y las calles.
Es antes de la noche.

2

No sé. Todas las noches te he soñado;
por eso sufriré todos los días.
No lo puedo evitar; tú lo decías:
no lo olvida el corazón cuando se ha dado.

En el aire se mueve un desolado
olor a tiempo ausente. Las vacías
horas se van sin alma. ¿Lo sentías
al decirlo? No sé. Pero ha pasado.

Duermo: pesa mi amor sobre la palma
de tus manos, seguro como nave
por la corriente en paz que la nivela.

O la angustia de golpe me desarma;
barco sin playa soy, puerta sin llave,
soledad sin espejo: estoy en vela.

3

Te lo habrá dicho ya: que nadie muere
de ausencia, que se olvida, que un lamento
se repara con otro, y es el viento
o la raya en el agua que se hiere.

Y esta sed miserable que no quiere
perderte, acabará; y el pensamiento
por tanto tiempo tuyo, en un momento;
aunque hoy se aferre y grite y desespere.

Si todo se ha de ir, ¿por qué llegaste?
¿Por qué, si no me quieres, me has querido?
¿Me has curado tan sólo para herirme?

Así fue; te tuviste y me dejaste;
nada me quedará: te he recibido
no más que para verte y despedirme…

Democracia Deliberada: La teletonización de la política social

democraciadeliberada:

-decimotercer comunicado-

Hace ya unas semanas en Democracia Deliberada hicimos públicas nuestras objeciones a la Cruzada contra el Hambre. El programa social insignia de la presente administración federal nos parece, en el mejor de los casos, mal diseñado. En el peor de los casos, nos…

Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas

F. S. Fitzgerald, El Gran Gatsby 

Un infierno

Los días contigo: el infierno. Mi obsesión por salvar princesas fue el polo que imantó con el tuyo de vulnerabilidad. Tu reloj sentimental está detenido en tu infancia ultrajada, no te permites cometer errores ni buscar tu lugar en el mundo; un hoyo negro, flamas que todo convierten en cenizas. Hay algo de ti que me recuerda a mí, -no por nada las neuronas son espejos-, sin embargo esa similitud superficial desvela la entrada a un caótico espiral que añoro y detesto. Por eso es tan difícil desprenderme/te: intoxicaste una parte de la mente que creía domada. Ahora estoy prisionero de los barrotes que ha labrado mi propia fantasía y no encuentro las herramientas para liberarme/te. Es un juego fácil de resolver que me paraliza, vuelvo sobre mis pasos a la época en donde te estancaste, a esa inseguridad que me calla. Hay veces que el silencio es tan fuerte que ensordece, quema. 

Queremos restaurar y por eso pensamos en destruir, queremos reencontrar una armonía y por eso armamos el caos de nuestro amor, queremos renovarlo todo y por eso no dispensaremos ya nada.

Albert Caraco, Breviario del caos. 

Una de cochistas y peatones

Desde hace un tiempo he adoptado el circuito Amsterdam, en la colonia condesa, para correr por las mañanas. Todos los días sufro a los cochistas, no entiendo su afán por tomar un circuito con esas características como pista de la Fórmula 1, me molesta y me transfiguro en el rebelde desconocido, cada vez que un coche se me “avienta” en los cruces, alento el trote o de plano me paro frente a ellos hasta que no les queda más remedio que detenerse.

En una ciudad cuyo crecimiento está basado en el privilegio al auto, es difícil pedir que los automovilistas no se sientan con más derechos que los peatones o ciclistas. Los automovilistas, a los que he bautizado como “trolles urbanos”, son incapaces de entender que el espacio público no es de ellos -de sus coches- sino de todos.

Esta mañana en la esquina de Ozuluama y Amsterdam, mientras atravesaba para llegar al camellón, un ford focus gris al  dar vuelta me aventó el coche, me paré en seco y le dije que qué prisa tenía, el chofer iracundo se bajó del auto a jalonearme y a decirme que me llevaría con la policía por provocarlo, ¡pobre cochista!, yo intentaba explicarle de manera serena que los peatones teníamos preferencia y que no se trataba de una vía de alta velocidad. Continuaba gritando y diciendo que “por qué me creía mucho”, que mi lugar era la policía, a ver si “me hacía hombrecito” o “¿qué no eres hombrecito?” me cuestionó, a palabras necias oídos sordos, al final se cansó, regresó a su amado coche, continuó su trayecto y yo el mío.

Triste historia la de mi troll urbano de ésta mañana, en su actitud parece que se depositan los peores vicios de los habitantes de nuestra amada ciudad: poco respeto por la ley y un raci-clasismo supino. A los peatones nos toca ser más peatones que nunca, reivindicar nuestro espacio; quizá es un buen momento para que las autoridades de la ciudad fijen límites de velocidad en ciertas zonas, amplíen las banquetas y los carriles para bicis o transporte público. Que exista una visión acerca de que la movilidad significa mover personas y no trolles, que se reviertan los privilegios. 

Panteras negras

Este mes El Fanzine está dedicado a la cultura negra. Escribí un texto sobre Las Panteras Negras (página 22), sus causas y efectos. Ojalá les guste, la edición completa está buenísima. 

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