Twitter a modo de Sodoma y Camorra.
Hace unos días el escritor italiano Roberto Saviano publicó un texto cuyo título resulta provocador al ser escrito por un hombre amenazado a causa de lo que escribe, dice: Fuera matones de nuestro Twitter. ¿Cuáles matones? ¿El Twitter de quién?
No tardó mucho para que los críticos de la red social salieran, en Twitter, a alabar el texto, con una sólida prosa y un puñado de analogías Saviano apunta a los mismos temores y lugares: el anonimato, el insulto, la celebración de la fugaz genialidad, la falta de reglas y la urgencia de una civilidad cibernética imaginada desde su propia moral más bien conservadora.
No acabo de entender muy bien el embeleso con el escrito de Saviano, comprendo las preocupaciones comunes pero más bien intuyo que se diagnostican y solucionan desde el lugar equivocado.
El anonimato, el insulto y la libertad de hacerlo.
Este es un tema recurrente cada vez que se habla de Twitter, hay dos maneras de ver el anonimato: como herramienta con la cual abusar de la libertad de expresión o como mecanismo de protección ante el abuso del represor de algún discurso. El primer caso es condenable pero francamente inocuo si el abuso no va acompañado de un peligro inminente y realizable.
El segundo caso es más interesante, Internet es una plataforma que es usada por los gobiernos para vigilar y censurar pero que al mismo tiempo es usada por los ciudadanos para empoderarse y exigir derechos. Sin embargo esta relación nunca es simétrica, quien tiene poder tendrá más poder en la red y viceversa. Internet conecta personas y redes de dispositivos de manera ciega, lo importante es transportar datos de un punto a otro de la manera más eficiente. Los servicios en la web, como las redes sociales, más o menos han replicado esto, así cualquiera puede conectarse y ejercer su derecho a comunicarse (no sólo a consumir sino a producir información). La plataforma en cuestión tendría que decidir proteger a quienes no tienen el privilegio de expresarse dando la cara, por eso Twitter -a diferencia de Google- ha optado por esta modalidad, en palabras de su CEO, son “el ala de la libertad de expresión del Partido de la Libertad de Expresión”.
Extrañamente quienes critican la censura China a Twitter, Facebook y Google critican que la red del pajarito permita el anonimato, siendo éste una condición que puede ser necesaria para el ejercicio de la libertad de expresión. En este sentido el estudio dirigido por Andrés Monroy al analizar una comunidad tuitera demuestra que en ciertos contextos (violencia)sus miembros establecen lazos de confianza pese al anonimato. Lo anterior desmonta, con evidencia empírica, los escandalosos gritos que condenan al tuitero anónimo y más se podría exhibir a los gritones como provocadores gratuitos.
Como bien los establece la Declaración Conjunta de Internet y Libertad de Expresión, este derecho se trata igual en Internet que fuera de la red. Así los límites de este derecho calificado, ya están establecidos y existen leyes que establecen sanciones a quienes los sobrepasan. El problema es que en Twitter se ven expuestos en público y eso es lo que parece molestarles: perder su supuesta autoridad en público: ser fusilados por su boca. Si se es un cínico se encuentra diversión, si se es un hipócrita, vergüenza y coraje.
La próxima vez preguntémonos si esa misma expresión que nos enoja tanto en tuiter nos enojaría en la calle, si esa expresión es o no legal aunque nos choque y después hagamos las valoraciones morales pertinentes. Y si vamos a pensar en “gritar fuego en un teatro leno” recomiendo este texto de Ken White que de una vez por todas acaba con el mito más grande para defender la censura.
La fugaz genialidad
Twitter es un procesador de información, verlo como una pasarela de poses es ver la mitad de la fotografía. Varios estudios de lo que se comparte en la red social han demostrado que por lo menos el 80% de lo que se comparte es información y encabezados de medios tradicionales; esto es, se parece más a una red de información que a una red social.
Por eso la idea del procesador; si metemos una naranja completa a un procesador de frutas por un lado nos saldrá jugo y por otro la cáscara y desperdicios. Lo mismo pasa en twitter, si el input es una información “X”, al atravesar las aspas del timeline lo que saldrán serán informaciones “Y” y “Z”. Lo ocurrido con el huracán Sandy y The Atlantic lo ilustra bastante bien.
Lo otro parece ser un divertimento que no es distinto al que se ve en las paredes con una consigna o el que sofisticadamente se veía en los jóvenes de la Internacional Letrista en el siglo XX: hacer de nuestros trinos nuestra propia obra. Y en serio: al que no le guste, que cure una mejor línea temporal, justamente una de las potencialidades de tuiter es reforzar los lazos entre quienes piensan parecido, crear archipiélagos más que una sola comunidad (en mi proyectito Ensambles Contagiosos pueden ver algunos ejemplos).
Civilidad cibernética
Aquí hay de dos sopas: o se piensa que los cibernautas deben ser educados o se piensa que la contante exposición y uso de las herramientas de Internet norma el comportamiento de los usuarios. La red es neutral y es modulada por su uso, por eso la educación a priori me parece un camino un tanto limitativo. Por otro lado, advierto en Saviano y otros una trampa: ver lo democrático como la ausencia de confrontación, cuando precisamente lo democrático de la plataforma reside en poder confrontarse en la misma cancha.Ese tic conservador puede más bien abrirle la puerta a la censura en nombre de lo políticamente correcto y acabar como la odiada (para la progresitud cibernética) China.
Sobre las reglas
Hay una vaga intuición sobre quién y cómo se ponen las reglas en las redes. Sin embargo, la ceguera de la arenga en contra impide ver uno de los problemas que será el tema durante los próximos años en las discusiones de Internet: el arbitrio de derechos fundamentales por unos cuentos particulares que hoy crean Constituciones por accidente (los Terms of Service) y se erigen en Cortes juzgadoras y revisoras de lo que sucede en sus servicios, Jeffrey Rosen logra trazar muy bien esta situación en un texto publicado en The New Republic.
Imaginar como resolver el embrollo de los derechos o estirando la liga pensar en un cambio completo de paradigma, siempre será más importante que pensar como hacer más armónico.