LUGARES II

Llévame contigo, tan lejos
que, en el camino, olvide
las palabras.

Llévame contigo tan cerca
que, sin camino, no tenga
palabras.

Xavier Villaurrutia 

los “no putos” en la calle

los heterosexuales empeñados en defender a los gays del grito de puto en el estadio, ¿irán a la marcha del orgullo gay? ¿tomarán la calle con quienes defendieron apasionadamente de no “ser discriminados por una palabra”? No lo sé, auténticamente lo pregunto. Me parecería raro que no lo hicieran dada su preocupación de verme como un inválido que no puede defenderse. Pienso, pues, que quizá la indignación era más por defender una forma de masculinidad en la que ellos no encajan que por reivindicar mi minoría. De tal forma que hoy quizá no tomen la calle, porque han ignorado que tengo la misma palabra para exigir derechos, que poseo el espacio para tomarlo y protestar, que puedo ejercer mi poder ciudadano sin muletas. En fin, ojalá que todos ellos vayan. 

Llámame loca pero…

Hoy en los medios la noticia más importante del mundial tuvo que ver con la investigación posibles sanciones que la FIFA realiza por los gritos, supuestamente homofóbicos, de la afición mexicana y brasileña. Así, FIFA ha revivido una buena discusión, si gritar “puto” en el estadio cuando el guardameta contrario despeja el balón, constituye o no un acto de homofobia y discriminación.

En lo particular confieso que las limitaciones a la libertad de expresión por discriminación, me parecen exageradas. Los límites en los estándares internacionales son suficientes y sobre todo claros en la delimitación. 

El problema del caso particular, se puede discutir desde la óptica de estándares de libertad de expresión diferenciados entre el sistema europeo, el latinoamericano y el estadounidense. La FIFA, con sede en Zurich, podría decirse que por su sede se rige por el sistema europeo de derechos humanos. La tradición europea prevé censura previa, discurso de odio y reconoce el honor colectivo; de tal manera, en la unión hay leyes que abiertamente proscriben discursos sin que ésto sea contrario a los derechos fundamentales. 

En la tradición latinoamericana sucede lo contrario, está expresamente prohibida la censura previa, todas las sanciones son ulteriores y hay discursos especialmente protegidos (el político, por ejemplo). En el caso estadounidense resulta algo similar, la primera enmienda tiene un alcance tan amplio que la libertad de expresarse puede llegar a ser casi absoluta. 

Estas visiones están en constante tensión: lo mismo cuando nuestros legisladores quieren invocar las restricciones europeas (que tienen un contexto particular) ignorando el sistema interamericano, lo mismo cuando grupos conservadores en EUA piensan en forma de cabildear sus intereses frente a las cortes. 

Sin embargo, el asunto no se volvió un problema sino hasta la comunicación masiva (de conciertos multitudinarios a las redes sociales). La pregunta era entonces ¿cómo lidiar con creencias particulares masificadas frente a las creencias de la sociedad? Un poco a tientas el Estado prohibió películas, conciertos, obras artísticas, expresiones corporales y palabras. En cada caso, algo ofende a muchos y hay que proteger a los últimos de los primeros. 

 La ola de luchas por los derechos de las minorías, personalizó tanto los derechos que, paradójicamente, se ha estrechado el paraguas de libre convivencia de diferencias y se ha pasado a la homogeneización social. Esta tatcherización de los derechos mezclado con una interpretación evangelizadora de los derechos humanos, dieron paso al discurso anti discriminación que, a diferencia de los estándares más altos, aquí importa proteger a uno aunque se ofenda al resto, porque ese uno representa una serie de atributos que son asimétricos respecto de los demás. (Razón por la cuál siempre me ha parecido en realidad un discurso discriminador).

El tema del estadio saca a todos a pasear: a los cínicos, a los internacionales, a los no discriminación, a los conservadores y al que se deje. Esa discusión es la más interesante. En todo caso no encuentro nada homofóbico ni discriminante en el grito de ¡Puto! en el estadio. En todo caso es un tema más interesante, el hecho de que cada vez más sean entidades particulares y no el Estado los que deciden cómo limitar derechos reconocidos. Lo mismo Facebook, Twitter, Youtube o la FIFA son particulares masivos con efectos públicos y son ellos los que probablemente no atiendan a ninguna tradición jurídica (sino a su propia moralidad) para decidir qué se dice y qué no; con un razonamiento que no es del todo público y que no pasa por el Estado.

Esa discusión, incluso más sofisticada que la del grito, es la que me parece más interesante. 

Llámame loca pero no me siento indirectamente ofendido o discriminado por el mentado grito, creo que prohibirlo va a ser que entonces sí se grite con saña y a escondidas y más radicalmente. Mientras no tiene ninguna característica que lo haga preocupante. Pienso que en ningún caso me alarma, quizá me molestaría si el tono fuera burlón y se gritara cuando dos hermosos futbolistas festejan homoeróticamente un gol, pero pues no, ese siempre se aplaude. 

El viento y el alma

Con tal vehemencia el viento 
viene del mar, que sus sones 
elementales contagian 
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas 
insistente en los cristales 
tocar, llorando y llamando 
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo 
te tiene, sino otra fuerza 
de que tu cuerpo es hoy cárcel, 
fue viento libre, y recuerda.

Luis Cernuda

Aura

Pasó un ángel. Me atravesó la furia.
Incendió el asombro,
los modos fugaces de leer el instante.

Pasó un ángel. Desordenó la intensidad
con que se abre la noche, los puntos cardinales,
la certidumbre imposible de todo deseo.

Como soplo lento que apacigua la audacia
de la belleza de un cuerpo madurando en otro
 cuerpo.

Pasó un ángel. Me amordazó un nombre.

Y los argumentos de la muerte
se volvieron incandescentes.

William Johnston, Diálogo final

No soy esto que digo:
la escritura es un río
más allá de mí mismo.
Es también el camino
por el que tú has venido.
Soy tu orilla del río.

Aurelio Asiain, Urdimbre

He construido, mientras paseaba, frases perfectas de las que después no me acuerdo en casa. La poesía inefable de esas frases no sé si será parte de lo que fueron, si parte de no haber sido nunca (escritos).

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego

Ningún pueblo, salvo Israel, tiene la arrogancia de encerrar toda la verdad en los estrechos límites de una sola concepción divina, insultando así la multiplicidad del Dios que todo lo contiene; ningún otro dios ha inspirado en sus adoradores el desprecio y el odio hacia los que ruegan en altares diferentes.

Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano

La primera cosa que me contó un amigo al que había perdido de vista desde hacía lustros: habiendo coleccionado venenos desde hacía muchos años no había logrado matarse por no saber cuál de ellos preferir…

E. M. Cioran, Ese maldito yo

Aquí les platico sobre Democracia Deliberada, nuestra corriente de opinión de la izquierda partidista. 

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